Labrador Retriever. De cero a cien

Artículo en Revista Feder Caza de Labradores de Abantueso.

Decir que Leonardo da Vinci es un gran pintor es decir poca cosa de semejante genio polifacético, del mismo modo que decir que el labrador retriever es un gran perro de caza. El labrador es el genio de los perros, aunque tampoco podemos decir que lo mismo sirve para un roto como para un descosido, porque no es que cumpla cualquier tarea, sino que las realiza de forma brillante.

Su gran inteligencia y elevada actitud siempre le llevan a la búsqueda de la excelencia en cualquier campo. Es, sin lugar a dudas, el mejor perro guía para ciegos, el referente de los perros de asistencia o terapia, el prototipo de detector, el deseado perro de compañía y hogar, el más competente en el rescate sobre escombros. Que le pones a buscar trufas, lleva dos cestas. Que a la pista de sgility, prepara el crono… y así en todo.

Pero sin duda, su esencia, su alma, es de predador. En el campo, ya sea al lado de la escopeta o delante de ésta, despliega todo su potencial: el instintivo legado de sus orígines, el físico construido mediante exquisita selección y el actitudinal, único en el reino animal. Porque es precisamente su actitud lo que hace de él un ser tan especial, tanto en su relación social con el hombre y otros animales, como en el trabajo en general y en la caza en particular.

En este último contexto encontramos muchas razas que cazan para sí, algunas que cazan con la escopeta, y una sola que caza para su dueño: el labrador.

Si el pointer es el “paladín de grandes hazañas en lontananza” y el perdiguero es el “escudero que acompaña al cazador en sus andanzas”, el labrador retriever es el “mayordomo servicial”, pero orgulloso y perfeccionista, deseoso de recibir órdenes, pero ejecutándolas con dignidad y haciendo de cada una de ellas su particular reto de superación. Porque al lado no entiende de trabajos bajo presión o de sometimiento medroso; todos y cada uno de sus actos tienen como motor el placer de la acción y la motivación intrínseca a su naturaleza. Hace así de cada lance un devenir fluido de acontecimientos vitales y hedónicos donde la tensión o la ansiedad no tienen cabida. En este punto me vienen a la cabeza las palabras que Dave Duncan, guarda mayor del Ducado de Forfar, en las Highlands escoceasa, me dijo mientras uno de sus labradores cerraba un complicad cobro de una grosse: “Su cola lo dice todo y su cara lo canta”. Y es que no he visto mayor cara de felicidad en un animal alguno que la de un labrador satisfecho y henchido de orgullo al completar una tarea con éxito y compartirlo con su dueño. Es todo expresividad, de ahí su facilidad para la empatía.

Pero García, “doctor en cinefilia” y “master en selección del labrador” por la “universidad del tesón y la experiencia”, Es una de esas raras personas que han conseguido alcanzar el sueño que tantos criadores llevan años persiguiendo en innumerables razas caninas. Y lo ha hecho como suele ocurrir con esos locos genios, porque no sabía que era imposible.

Hablo de esa entelequia canina llamada “perro dual”, bello y funcional a la vez. Todo cinéfilo experimentado parece tener asumida esa separación en las líneas de sangre de muchas razas, a priori, de trabajo entre castas de belleza para la moqueta y estirpes de fuste e instinto para el trabajo diverso. Ocurre con el pastor alemán, lo mismo con el setter inglés y con el labrador… hasta que nuestro alquimista de Abantueso ha dado con su fórmula. Su plantilla de red fox, sin duda, para deleite de cualquier apasionado de la raza, gran belleza y carga pulsional y temperamento funcional. Morfología al servicio del trabajo.

No es un accidente que el labrador sea un animal amigable y se sienta atrído por el hombre

Pedro, los amigos están para compartir los secretos, ¿no?. ¿Cuáles son los elementos principales de tu fórmula secreta?, le pregunto ante la atenta mirada de media docena de sus canes esperando alguna indicación bajo la sombra de uno de los hermosos fresnos de su finca de Guadarrama (Madrid).

– Mira, Richi, mi principal referencia como seleccionador son los criterios que se utilizaron ya en Inglaterra hace más de cien años. Mis sementales y hembras de cría han de ser ejemplares prototipo de la raza tal, como y para lo que fue concebida en sus orígenes. Busco, por tanto, física como psíquica. Es decir, en cuanto al carácter que sean afectuosos, dulces, fieles, bondadosos, pacientes. Sin signos de agresividad, pero valientes. Sin rasgos de ansiedad o hiperactividad. Y, sobre todo, inteligentes.

– En cuanto al temperamento debe estar siempre dispuesto al trabajo, siendo capaz de pasar de cero a cien en segundos. Es decir, capaz de estar en casa sin hacerse notar a convertirse en un máximo colaborador eficiente y al máximo nivel de activación rápidamente y con dinamismo. Y, muy importante, su grado de adaptabilidad ha de ser enorme. Ese rasgo debe ser sello de la raza, donde ha de destacar sobre el resto, adaptándose con naturalidad a cualquier cambio y situación.

– En cuanto al físico, quiero reproductores robustos y atléticos. De facciones bien definidas y movimiento suelto y ágil, pero potente y resistente. Sin perder la armonía en el desplazamiento. Huyendo del tipo de exposición tendente a la pesadez, casi molosoide y rasgos masivos, que le hacen inoperante en el campo. Y, por supuesto, alta carga instintiva venatoria, olfato y boca dulce en el cobro.Por último, y de vital importancia, un exhaustivo control de todas las enfermedades y taras genéticas.

– Ya, Pedro, gracias pero, no me has contado el secreto.

– Está bien, Richi, no te voy a decir uno sino dos. E inclinándose ligeramente hacia mi oído me dice, bajando la voz, como para que no nos oigan las vacas al otro lado del vallado: constancia y rigor.

Y uno sonríe para sus adentros, sabedor de que también ha echado en la marmita tiempo, mucho tiempo, años… y algunas decepciones y horas de estudio,. Y kilómetros, desvelos y dineros. Y claridad de miras, vamos, objetivos claros.

Uno sabe cosas. Y por eso admira a ese elenco minoritario de criadores, a los que los cazadores que sabemos donde encontrarlos, debemos tantas satisfacciones a través de esos grandes retrievers, bellos pero con seso.

No es un accidente genético que el labrador sea un animal amigable, cercano y se sienta atraído por el contacto con el hombre. Los labradores han sido específicamente criados para trabajar a su lado: en pequeñas embarcaciones en origen y en puestos de ojeo después o tal y como los vemos hoy día en el quiosco del vendedor de la Once con su arnés colgando al lado de los cupones.

Su adiestrabilidad es, sin duda, la más alta de todos los perros de caza. Por supuesto, si contamos con el ejemplar prototipo de la raza y no pretendemos abordar apartados reservados a los especialistas. Si sabemos hacernos con un individuo de líneas venadoras, con la estamina y el fuste (carácter, fuerza, salud y resistencia) que debe caracterizarlos, tendremos entre manos un alumno atento, dúctil, adptable, dispuesto, empático y obediente. Equilibrado de nervios, activo pero no ansioso, orgulloso pero no dominante, seguro de sí mismo, pero no agresivo, apasionado, pero no impulsivo. Instintivo pero reflexivo, pendiente pero no dependiente. Y en cuanto a su especialidad, el cobro, sobrado tesón y templanza, le avalan como al que más.

Y algo en que aventaja a todos sus potenciales rivales de otras razas: el marking. Es el apartado de lance en el momento del cobro en que el perro ha de efectuar un cálculo de distancias y situacional del punto del pelotazo a vista, procesarlo tomando referencias visuales del entorno y memorizarlo rápidamente, mientras otra pieza y otras cuentas más caen alrededor del puesto, ya sea en tierra o agua. La capacidad visual y el mapa mental, cual GPS, unido a su memoria, no dejan de asombrarme. Todo aficionado sabe de la torpeza de la mayoría de nuestros perros de muestra a la hora de calcular el lugar donde el ave cayó tras el disparo, y no hablemos ya de si se le exige el cobro a la orden tras una espera de varios segundos. Parecen totalmente despistados. EL marking es la acción, en concurso, de llegar en línea recta y sin dudas al punto exacto del terreno donde está la pieza abatida tras un tiempo de espera. En esto, que tantas ventajas ofrece en la caza, es vencedor absoluto. Añadámosle una boca dulce como pocas a su dulce temperamento y ¡a disfrutar de una de las más valiosas joyas de la cinefilia!.

Artículo escrito en la Revista Feder Caza por Ricardo Vicente Corredera
Instructor de Movilidad con Perros-Guía en la Fundación ONCE y Coordinador de Cursos de Adiestramiento en la Real Federación Española de Caza.

 

 

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