El Labrador Retriever tiene una historia muy ligada al agua, al trabajo y a su relación con el ser humano. Aunque su nombre pueda llevarnos a pensar que su origen está en la península de Labrador, esta raza surge principalmente en Terranova (Canadá).
La raza desciende del perro de aguas de San Juan (St. John’s Water Dog), un perro de trabajo que ayudaba a los pescadores a recuperar redes, cabos y peces en aguas heladas. A comienzos del siglo XIX llegó a Inglaterra a bordo de los barcos bacaladeros y allí, entre 1830 y 1903, la aristocracia británica lo seleccionó hasta convertirlo en el Labrador Retriever que The Kennel Club reconoció oficialmente en 1903.
En el siglo XVI, los colonos europeos que se asentaron en Terranova llevaron consigo perros de trabajo ingleses, irlandeses y portugueses. De ese cruce sin plan de cría surgió el perro de aguas de San Juan: un perro negro, de pelo corto y denso, cola de nutria y una capacidad de nado excepcional para el agua fría.
Los pescadores lo usaban a diario para recuperar las redes, pasar cabos entre embarcaciones y rescatar el bacalao que se soltaba. Ese trabajo explica tres rasgos que el labrador conserva intactos: el manto impermeable de doble capa, los pies palmeados y la obsesión por el cobro.
De esta población surgieron dos líneas: el Terranova mayor, más pesado y de pelo largo, que derivó en el actual perro de Terranova; y el Terranova menor o perro de San Juan, más ligero y ágil, del que desciende directamente el Labrador Retriever.
A comienzos del siglo XIX, los barcos que comerciaban con bacalao entre Terranova y el suroeste de Inglaterra empezaron a desembarcar estos perros en el puerto de Poole, en Dorset. Los cazadores británicos se fijaron enseguida en su docilidad y en su facilidad para cobrar piezas dentro y fuera del agua, y llegaron a pagar a los pescadores por quedárselos.
Aquí, dos familias resultaron determinantes. El conde de Malmesbury, en Hampshire al sur de Reino Unido, y el duque de Buccleuch, en Escocia, mantuvieron una línea cerrada durante décadas. Hasta que en la década de 1880, los ejemplares Buccleuch Avon y Ned, cedidos por Malmesbury a Buccleuch, fijaron el tipo y se consideran los antepasados directos de todos los labradores actuales.
Mientras la raza se consolidaba en Gran Bretaña, su ancestro desaparecía en su tierra de origen. Tres causas tuvieron que ver en esto: una política de protección de la especialización en la ganadería ovina que desincentivaba la tenencia de perros, un régimen fiscal que gravaba con fuerza a los propietarios, especialmente si tenían hembras, y las cuarentenas por rabia impuestas por el Reino Unido, que cortaron la reimportación de ejemplares.
Los últimos perros de aguas de San Juan conocidos se fotografiaron en la década de 1980.
Sin los criadores británicos del siglo XIX, el labrador tal y como lo conocemos hoy simplemente no existiría.
En 1903, The Kennel Club británico (la organización oficial más antigua del mundo dedicada a la salud, el bienestar y el registro de perros de raza) reconoció oficialmente al Labrador Retriever. Trece años después, en 1916, se fundó The Labrador Retriever Club y se publicó el primer estándar: el documento que fijó por escrito lo que debía ser un labrador.
El color también tiene su propia historia. Los primeros labradores eran negros; el primer amarillo registrado fue Ben of Hyde, nacido en 1899, y el chocolate no se aceptó en el estándar hasta bien entrado el siglo XX.
El labrador se seleccionó por lo que sabía hacer, no por su aspecto. Su olfato, su capacidad de aprendizaje, su resistencia y su disposición a colaborar con las personas lo convirtieron en un cobrador excepcional, pero fue su carácter equilibrado el que lo sacó del campo de caza.
De ahí procede su versatilidad actual: perro guía, de asistencia, de terapia, de detección y de búsqueda y rescate, además de compañero de familia. Todas esas aptitudes son las mismas que se seleccionaban en Poole hace ciento cincuenta años.
Con el tiempo, la raza se dividió en dos tipos: el labrador de línea inglesa o de belleza, más compacto, de cabeza ancha, hueso fuerte y carácter más tranquilo, y el de línea americana o de trabajo, más ligero, alto y nervioso.
En Labradores de Abantueso criamos Labrador Retriever de línea inglesa porque es el que conserva el equilibrio que definió a la raza desde el principio: funcionalidad, morfología correcta y, sobre todo, ese temperamento dócil y colaborador que los condes de Malmesbury seleccionaron hace casi dos siglos.
Conocer el origen del labrador no es un ejercicio de nostalgia: es lo que nos dice qué hay que preservar durante la crianza.
| Fecha | Hito |
|---|---|
| Siglo XVI | Nace el perro de aguas de San Juan (St. John’s Water Dog) en Terranova, a partir de perros de trabajo ingleses, irlandeses y portugueses llevados por los colonos. |
| Década de 1830 | Los perros de San Juan llegan de forma regular al puerto de Poole (Dorset, Inglaterra) con los barcos bacaladeros. |
| Década de 1880 | Los ejemplares Buccleuch Avon y Ned, cedidos por el conde de Malmesbury, se consideran los antepasados directos del labrador actual. |
| 1899 | Nace Ben of Hyde, primer labrador amarillo registrado. |
| 1903 | The Kennel Club reconoce oficialmente al Labrador Retriever como raza. |
| 1916 | Se funda The Labrador Retriever Club y se publica el primer estándar de la raza. |
| Años 80 | Se fotografían los últimos ejemplares conocidos del perro de San Juan: el ancestro se extingue en Terranova. |